El ajedrez.
En realidad, es como si a un niño de 2
años le das un juego de ajedrez.
Cogerá las piezas, las mirará y las
agitará, pero nada más. Realmente no podrá disfrutar del juego, porque no sabe
las reglas.
Por tanto, pasado un tiempo el niño se
aburrirá, y después de mordisquear las piezas las lanzará contra el suelo. Si
las piezas son de madera o plástico, se estropearán pero sobrevivirán al golpe.
Pero si son de las de cristal, se romperán en mil pedazos.
Pues exactamente eso es lo que hizo ella,
darle su corazón a quien no sabía cuáles eran las reglas.
Y lo peor de todo es que su corazón no
era uno normal, era de los de cristal…
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