miércoles, 25 de febrero de 2015

El ajedrez. 

En realidad, es como si a un niño de 2 años le das un juego de ajedrez.

Cogerá las piezas, las mirará y las agitará, pero nada más. Realmente no podrá disfrutar del juego, porque no sabe las reglas.

Por tanto, pasado un tiempo el niño se aburrirá, y después de mordisquear las piezas las lanzará contra el suelo. Si las piezas son de madera o plástico, se estropearán pero sobrevivirán al golpe. Pero si son de las de cristal, se romperán en mil pedazos.

Pues exactamente eso es lo que hizo ella, darle su corazón a quien no sabía cuáles eran las reglas.


Y lo peor de todo es que su corazón no era uno normal, era de los de cristal…

jueves, 19 de febrero de 2015

Piezas.

Y le dije lo que pensaba al respecto:

“Cuando personas importantes en tu vida te hacen daño, a propósito, te quedas totalmente impotente. Les das lo mejor que tienes, los cuidas lo mejor que sabes, y cuando menos te lo esperas se van sin ningún motivo. Se olvidan de que existes.

Y si es posible, antes de darte la patada, te tratan como a un trozo de basura, se ríen de ti, te mienten, te utilizan. Y una vez que han jugado lo suficiente con tus sentimientos, entonces te abandonan.

¿Es duro? Sí, pero hay personas así, capaces de hacer eso, y tenemos que asumirlo. Ni ha sido la primera persona, ni será la última que nos destroce el corazón.

Pero en eso consiste la vida, en levantarse cada vez que te tiran, en recomponer el corazón cada vez que lo trocean…y se quedan con un trozo. Ese es el problema, que la gente que te hace daño, se queda un dichoso trozo. Y por más que reconstruyas el corazón, cada vez que alguien te lo rompe, se lleva una pieza, es por eso que cuesta tanto volver a recomponerlo y que las piezas encajen perfectamente…

Pero no todo está perdido. Eso tiene algo positivo, y es que puedes meter piezas nuevas, mejores, y que pueden durar para siempre. Estas piezas no sustituyen las viejas, porque sustituirlas siempre será imposible. Son simplemente otras piezas, que harán que por fin todo vuelva a encajar perfectamente, mejor de lo que nunca antes habían encajado, y sin dejar huecos.


Así que en eso consiste la vida –le dije- unos van y otros vienen…pero hay unos pocos, los más importantes, que se quedan para siempre”.

lunes, 16 de febrero de 2015

No tenía derecho, pero lo hizo.

No tenía derecho a entrar en su vida, pero lo hizo.
No tenía derecho a romper el muro que ella tardó años en construir, pero lo hizo.
No tenía derecho a cambiar sus planes,
a sacarla a bailar en el metro,
a descubrir cada recoveco de su cuerpo,
a conocerla incluso mejor que ella misma,
a llenarla de besos, de regalos, de promesas…
No tenía derecho a enamorarla, pero lo hizo.
No tenía derecho a nada de eso, pero lo hizo, y a ella le encantó que lo hiciera.

El problema vino cuando siguió haciendo cosas sin derecho…porque…
Tampoco tenía derecho a confundirla, pero lo hizo.
Tampoco tenía derecho aburrirse de ella como un niño se aburre de un juguete, pero lo hizo.
Tampoco tenía derecho a  flirtear con otras, pero lo hizo.
Ni tenía derecho a hacerla sentir como a una más en su interminable lista de mujeres, pero lo hizo.
Ni a darle a entender que ella nunca estaría a su altura,
Ni a dejarla,
Ni a romperle el corazón,
Ni a hacerla sentir la mujer más infeliz del mundo,
Ni a olvidarla de la noche a la mañana.
No, tampoco tenía derecho a ninguna de esas cosas, pero las hizo, y la destrozó.

lunes, 9 de febrero de 2015


La televisión estaba de fondo, ninguno de los dos le prestaba atención. Más bien era la televisión la que, envidiosa, los observaba a ellos. Sí, envidiosa. Envidiosa ante lo que estaba presenciando, envidiosa porque ninguna de sus series o películas podría igualar la belleza y la pasión de las caricias que aquella pareja acababa de exhibir ante ella.

Estaban en la cama, arropados, desnudos, abrazados. Ella lo besó una vez más y cerró los ojos. Metió la cabeza entre su cara y su hombro, apoyando suavemente la nariz en su cuello.

Comenzó a pensar que lo iba a echar de menos más de lo previsto. Abrió un poco sus ojos, para observarlo, pensando que él ahora sí estaría viendo la televisión. Sin embargo, tenía los ojos cerrados, como si él también estuviera aprovechando cada uno de los segundos que le quedaban juntos, o eso quería ella pensar.

Él abrió los ojos, y al verla observándolo le preguntó que qué pensaba, y ella se sumergió en sus propios pensamientos. Fueron segundos los que tardó en contestar, pero en su cabeza fueron horas, horas perdiéndose en sí misma, en sus deseos…que eran todos contradictorios. Tantos sentimientos dormidos que inesperadamente estaban despertando, tantas sensaciones nuevas…Y llegó a la conclusión de que sí, de que quizás ese era el momento de decirlo.


Y después de esos eternos segundos, se armó de valor, tomó aire, y cuando iba a decir las palabras prohibidas…recordó precisamente eso, que estaba a punto de decir las palabras prohibidas, aquellas palabras que un día se juró no volver a pronunciar. Así que finalmente, lo único que consiguió salir de su boca fue un cálido y convincente “nada”.

lunes, 2 de febrero de 2015

Hambre.

Eres mi plato favorito.

Todas las mañanas, para desayunar, besaría tus ojos muy despacio.

Para comer querría un "cachito" de tus labios, darles un bocadito detrás de otro.

Y para cenar prepararía un menú muy especial:

Como los entrantes deben ser ligeros, comenzaría deleitándome con el olor de tu cuello y el tacto de tu piel.

El plato principal sería recorrer tus brazos, tus hombros, tu torso…

Y de postre haría una receta innovadora. Dejaría que tus manos y tu boca fueran las que me devorasen a mí.

Porque yo también quiero que tengas hambre, hambre de mí.