No es comparable.
Una pantalla táctil nunca será lo mismo que el tacto de un
papel.
Abrir un email nunca será comparable con la emoción de
llegar a casa y descubrir que hay una carta en el buzón. Ver cómo es el sobre,
mirar el remitente. Abrir la carta y descubrir qué hay en su interior. Saber
que la otra persona lo ha tenido entre sus manos y, precisamente por eso, oler
el papel.
Es mucho más emocionante saber que quién envió la carta fue
a la papelería e invirtió su tiempo en elegir un sobre adecuado para ti, un sobre
que te gustase. Le dedicó tiempo a escribirla, primero “en sucio”, para
asegurarse de que no cometería ningún error cuando la pasase a limpio.
Puedes ver su letra e incluso analizarla.
Y quizás dentro del sobre, acompañando a las palabras, haya
un pequeño detalle…
Es magnífico evolucionar y modernizarse, pero cada vez nos
empeñamos más en valorar la inmediatez, la rapidez, el “no importa cómo, pero
que llegue YA”.
A veces nos olvidamos de que hay cosas que deberían hacerse
despacio, cosas que requieren nuestro tiempo y atención. Cosas que tardan un
poco más en llevarse a cabo, pero que nos ofrecen un resultado mucho más
completo, mucho más especial.
