martes, 24 de noviembre de 2015




No es comparable.

Una pantalla táctil nunca será lo mismo que el tacto de un papel.

Abrir un email nunca será comparable con la emoción de llegar a casa y descubrir que hay una carta en el buzón. Ver cómo es el sobre, mirar el remitente. Abrir la carta y descubrir qué hay en su interior. Saber que la otra persona lo ha tenido entre sus manos y, precisamente por eso, oler el papel.
Es mucho más emocionante saber que quién envió la carta fue a la papelería e invirtió su tiempo en elegir un sobre adecuado para ti, un sobre que te gustase. Le dedicó tiempo a escribirla, primero “en sucio”, para asegurarse de que no cometería ningún error cuando la pasase a limpio.

Puedes ver su letra e incluso analizarla.

Y quizás dentro del sobre, acompañando a las palabras, haya un pequeño detalle…

Es magnífico evolucionar y modernizarse, pero cada vez nos empeñamos más en valorar la inmediatez, la rapidez, el “no importa cómo, pero que llegue YA”.


A veces nos olvidamos de que hay cosas que deberían hacerse despacio, cosas que requieren nuestro tiempo y atención. Cosas que tardan un poco más en llevarse a cabo, pero que nos ofrecen un resultado mucho más completo, mucho más especial.

domingo, 8 de noviembre de 2015




Los cinco minutos.

Hay quién dice eso de “No pasa nada, son sólo cinco minutos”.

Sólo cinco minutos… ¡Cómo si la vida de una persona no pudiera cambiar por completo en “sólo cinco minutos”!

Puede que por retrasarte “sólo cinco minutos” pierdas el avión que te llevaba a casa.

En cinco minutos puede que el equipo que iba perdiendo, remonte rápidamente dándole un giro espectacular al partido.

Si te retrasas tan solo cinco minutos, puedes perderte una magnífica puesta de sol.

Quizás a las 22:36 estés charlando con él... y a las 22:41 te haya dado ese beso que llevabas años esperando.

Y puede que a las 14:22 fueses desempleada, y que a las 14:27 hayas recibido una llamada para comenzar a trabajar al día siguiente.

Así que no subestiméis nunca el poder de los cinco minutos... Porque, como bien sabemos,
 ¡el tiempo es oro!