-No seas así. Ven a pasar este fin de semana conmigo.
No tienes nada que perder. Permíteme intentar llegar hasta tu corazón…Si no lo
consigo, prometo no molestarte más. Me rendiré y te dejaré marchar.
-Bueno, está bien. Si eso es lo que quieres, iré
contigo. Es más, si tanto deseas mi corazón, te lo prestaré pero sólo durante
el fin de semana. Después me marcharé y todo esto se habrá acabado.
Y así fue. Ella pasó el fin de semana con él, le
prestó su corazón durante esos tres días. Y el lunes bien temprano, tal y como
había dicho, se marchó.
Pero cuando regresaba en el autobús, pensando en
esos tres días, en lo sorprendentemente divertido que había sido el fin de
semana, se dio cuenta de que algo no iba bien.Tenía esa sensación típica de los viajes, en la que
crees que se te ha olvidado algo. Comenzó a comprobar su bolso, su maleta de
mano, miró en sus bolsillos...parecía que estaba todo. Cuando de repente…”Oh,
no...No puede ser”
Y mientras recordaba lo ocurrido durante esos días “la
salida del sábado por la noche, el ataque de risa después de la tercera
cerveza, las horas muertas en la cama, ese inesperado beso cuando la recogió en
la estación, su forma de mirarla cuando se marchó…” entre suspiros, dijo: El
corazón, se ha quedado con mi corazón.
Moraleja: nunca prestéis algo si no estáis seguros
de que os lo van a devolver.