viernes, 27 de marzo de 2015

Prestar el corazón.

-No seas así. Ven a pasar este fin de semana conmigo. No tienes nada que perder. Permíteme intentar llegar hasta tu corazón…Si no lo consigo, prometo no molestarte más. Me rendiré y te dejaré marchar.

-Bueno, está bien. Si eso es lo que quieres, iré contigo. Es más, si tanto deseas mi corazón, te lo prestaré pero sólo durante el fin de semana. Después me marcharé y todo esto se habrá acabado.

Y así fue. Ella pasó el fin de semana con él, le prestó su corazón durante esos tres días. Y el lunes bien temprano, tal y como había dicho, se marchó.

Pero cuando regresaba en el autobús, pensando en esos tres días, en lo sorprendentemente divertido que había sido el fin de semana, se dio cuenta de que algo no iba bien.Tenía esa sensación típica de los viajes, en la que crees que se te ha olvidado algo. Comenzó a comprobar su bolso, su maleta de mano, miró en sus bolsillos...parecía que estaba todo. Cuando de repente…”Oh, no...No puede ser”

Y mientras recordaba lo ocurrido durante esos días “la salida del sábado por la noche, el ataque de risa después de la tercera cerveza, las horas muertas en la cama, ese inesperado beso cuando la recogió en la estación, su forma de mirarla cuando se marchó…” entre suspiros, dijo: El corazón, se ha quedado con mi corazón.

Moraleja: nunca prestéis algo si no estáis seguros de que os lo van a devolver.

lunes, 16 de marzo de 2015

Las distintas formas de comunicarnos, las distintas formas de leer.

Hoy en día todas las personas tenemos a nuestro alcance ese maravilloso instrumento de comunicación llamado internet. Al principio su uso era exclusivo, solo los más privilegiados disponían de él, pero ahora está al alcance de todos, incluso lo tenemos en el móvil. 

Podemos estar las 24 horas del día conectados, comunicarnos con quien queramos, en cualquier instante. Además existen chats, como el “whatsapp” que sirve para interactuar en todo momento, escribir y leer mensajes instantáneos.

El problema está, en que este tipo de comunicación, no siempre es eficaz o veraz. Me refiero a lo que, por falta de contacto físico, no se puede ni percibir, ni transmitir. El “whatsapp” te limita al texto, a poder interpretar sólo lo que lees, sin muchas veces saber si hay ironía, broma, dolor, u otro sentimiento oculto en esos rápidos mini mensajes.
Parece que estamos olvidando  la maravillosa experiencia de quedar con alguien, y dejar a un lado este tipo de chat.

En un cara a cara, también puedes “leer” a la persona, pero de manera diferente a las redes sociales. Conversando con alguien frente a frente, tienes la oportunidad de “leer” su lenguaje no verbal, es decir, su lenguaje corporal:

Puedes observar su postura, si es relajada, o está nervioso.
El movimiento de sus manos, si es rápido, lento, si le tiemblan…
Su tono de voz: si es tranquilo, si le faltan las palabras al tenerte delante, o si simplemente habla de más…

Y con sus expresiones faciales, ¡ahí ya tienes un libro  de  1000 páginas para leer! Sus gestos, su boca, su forma de sonreír, sus ojos, su mirada…El lenguaje corporal es toda una fuente de información, tan solo hay que prestar atención, y saber leerlo.


Por eso mediante (volvamos al mismo ejemplo) el famoso “whatsapp”, hay ciertas cosas que quizás nunca sabremos leer…
No sabremos si detrás de un “Ey! Cómo vas?” se esconde un “te echo de menos”;
Si cada “Estás muy perdido” realmente era un “tengo ganas de verte”
O si, detrás de un “Buenas noches, que descanses” se ocultaba un “te quiero”.


viernes, 6 de marzo de 2015

No hace falta.

A veces exigimos demasiadas explicaciones verbales o prestamos demasiada atención a las palabras.

Cuando se trata de relaciones entre personas, quizás la clave no siempre esté siempre en las palabras. Quizás deberíamos centrarnos más en el lenguaje NO verbal. Como ya sabemos, el lenguaje corporal dice aproximadamente un 60% de lo que queremos expresar, y las palabras, tan solo un 40%.

A veces no hace falta que te digan “baja la música, me estás molestando”. Porque con una sola mirada te dejan claro que o bajas la música o te hincarán un lápiz en el ojo.
Tampoco hace falta que te digan “¿has visto lo feliz que estoy hoy?”. Evidentemente cuando una persona conocida está feliz, se lo notas en la cara, en sus movimientos, en todo su cuerpo.

Al igual que, en algunas ocasiones, tampoco es necesario que te digan “ésto se acaba aquí”, porque en el fondo ya lo sabías. Y no porque te lo hubieran dicho con palabras, claro que no. Lo sabías porque ya llevabas días notando aquella frialdad en sus gestos, su forma de moverse en aquella habitación. Lo notabas en el ambiente viciado de aquel cuarto, en aquellas caricias impasibles que recibías, en aquellas caricias vacías que dabas. Lo notabas en tu reacción indiferente ante su mirada de hielo. Él había perdido el interés en ti, y a ti tampoco te preocupó demasiado.


No hizo falta conversación alguna, no hicieron falta palabras.

lunes, 2 de marzo de 2015

Quién soy hoy.

Y si hoy me preguntas quién soy, yo no tendré más remedio que decirte que:

Soy el mensaje en una botella que se pierde en el mar sin llegar jamás a su destino;

Soy aquel girasol que no sabe dónde mirar los días que no ve al Sol;

Soy aquella hormiga que se despista, se sale de la fila y comienza a dar vueltas sin saber a dónde ir;

Soy esas golondrinas que con su particular silbido abandonan un país para ir en busca de otro más cálido;

Ahora soy aquellas noches de septiembre que nos recuerdan que el otoño, el frío, los días grises, están a la vuelta de la esquina;

Soy aquellos fuegos artificiales que clausuran y ponen punto y final a una feria inolvidable, a una semana de comidas, reencuentros, celebraciones y bailes;

Soy la frase de la canción “Por ti seré” de Melón Diésel, cuando dice aquello de “A veces no sé quién soy, no sé ni a dónde voy. Eres mi obsesión”;

Soy ese antiguo negro piano de cola en aquella casa abandonada, que cada día sueña con que alguien entre y toque alguna sonata de Beethoven, la que fuera;

Soy la cuerda que alguien rompió dejando afónica a esa guitarra;

Sí, eso soy hoy:

La cuerda rota de una guitarra,

El piano en busca de unas manos que lo acaricien, que lo hagan sentir vivo, que lo hagan vibrar, sonar.