No hace falta.
A veces exigimos demasiadas explicaciones verbales o
prestamos demasiada atención a las palabras.
Cuando se trata de relaciones entre personas, quizás
la clave no siempre esté siempre en las palabras. Quizás deberíamos centrarnos
más en el lenguaje NO verbal. Como ya sabemos, el lenguaje corporal dice aproximadamente
un 60% de lo que queremos expresar, y las palabras, tan solo un 40%.
A veces no hace falta que te digan “baja la música,
me estás molestando”. Porque con una sola mirada te dejan claro que o bajas la
música o te hincarán un lápiz en el ojo.
Tampoco hace falta que te digan “¿has visto lo feliz
que estoy hoy?”. Evidentemente cuando una persona conocida está feliz, se lo
notas en la cara, en sus movimientos, en todo su cuerpo.
Al igual que, en algunas ocasiones, tampoco es
necesario que te digan “ésto se acaba aquí”, porque en el fondo ya lo sabías. Y
no porque te lo hubieran dicho con palabras, claro que no. Lo sabías porque ya
llevabas días notando aquella frialdad en sus gestos, su forma de moverse en
aquella habitación. Lo notabas en el ambiente viciado de aquel cuarto, en
aquellas caricias impasibles que recibías, en aquellas caricias vacías que
dabas. Lo notabas en tu reacción indiferente ante su mirada de hielo. Él había
perdido el interés en ti, y a ti tampoco te preocupó demasiado.
No hizo falta conversación alguna, no hicieron falta
palabras.
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