lunes, 16 de marzo de 2015

Las distintas formas de comunicarnos, las distintas formas de leer.

Hoy en día todas las personas tenemos a nuestro alcance ese maravilloso instrumento de comunicación llamado internet. Al principio su uso era exclusivo, solo los más privilegiados disponían de él, pero ahora está al alcance de todos, incluso lo tenemos en el móvil. 

Podemos estar las 24 horas del día conectados, comunicarnos con quien queramos, en cualquier instante. Además existen chats, como el “whatsapp” que sirve para interactuar en todo momento, escribir y leer mensajes instantáneos.

El problema está, en que este tipo de comunicación, no siempre es eficaz o veraz. Me refiero a lo que, por falta de contacto físico, no se puede ni percibir, ni transmitir. El “whatsapp” te limita al texto, a poder interpretar sólo lo que lees, sin muchas veces saber si hay ironía, broma, dolor, u otro sentimiento oculto en esos rápidos mini mensajes.
Parece que estamos olvidando  la maravillosa experiencia de quedar con alguien, y dejar a un lado este tipo de chat.

En un cara a cara, también puedes “leer” a la persona, pero de manera diferente a las redes sociales. Conversando con alguien frente a frente, tienes la oportunidad de “leer” su lenguaje no verbal, es decir, su lenguaje corporal:

Puedes observar su postura, si es relajada, o está nervioso.
El movimiento de sus manos, si es rápido, lento, si le tiemblan…
Su tono de voz: si es tranquilo, si le faltan las palabras al tenerte delante, o si simplemente habla de más…

Y con sus expresiones faciales, ¡ahí ya tienes un libro  de  1000 páginas para leer! Sus gestos, su boca, su forma de sonreír, sus ojos, su mirada…El lenguaje corporal es toda una fuente de información, tan solo hay que prestar atención, y saber leerlo.


Por eso mediante (volvamos al mismo ejemplo) el famoso “whatsapp”, hay ciertas cosas que quizás nunca sabremos leer…
No sabremos si detrás de un “Ey! Cómo vas?” se esconde un “te echo de menos”;
Si cada “Estás muy perdido” realmente era un “tengo ganas de verte”
O si, detrás de un “Buenas noches, que descanses” se ocultaba un “te quiero”.


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