domingo, 13 de septiembre de 2015

Carta de una mujer enamorada.

Ni el mejor de los escritores,

Ni el mejor de los pintores,

Ni el mejor de los arquitectos,

Ni el mejor de los escultores,

Ni en la mejor de mis fantasías podría haber creado a alguien tan fascinante como tú. Tus ojos alegres, tu nariz perfecta, tus labios inquietos, tu discreto mentón, tus hoyuelos de la felicidad, tú en toda tu esencia.

Tú, con una mente que anhela sabiduría, con un buen corazón. Un gran hombre, tan honesto, tan perfecto.

Mi cuerpo se estremece ante tu presencia y en tu ausencia pienso en ti, mi cabeza se inunda de júbilo, de entusiasmo, de ilusión.

Llenas mi mente, mi alma, y mi cuerpo. Los llenas de dicha, de pasión.

Y cuando mis ojos se encuentran con los tuyos;

ahí, ahí está toda la belleza,

en ti, en tu existencia.

Soy tuya, para ti, para siempre.


lunes, 7 de septiembre de 2015



A veces lo más pequeño, se convierte en lo más grande.

Cosas muy pequeñas, que tienen un gran significado.

Pequeñas cosas, que guardan todo un mundo.

Son los pequeños detalles los que componen el universo.

Y para formar el universo, es indispensable hasta el más pequeño de los detalles.

sábado, 5 de septiembre de 2015

El vino y el queso.

Y, contradiciendo las clásicas costumbres, en este caso fue ella la que lo llevó a cenar a él. No era ni su santo, ni su aniversario, ni su cumpleaños. Era un martes de septiembre.

Cuando llegaron al restaurante, con vistas sobre toda la ciudad, presenciaron una cálida puesta de sol. Él la miró y preguntó "¿Por qué hoy?"...

Y entonces ella colocó un sobre rojo entre el queso y vino que acababan de servir. Él cogió el sobre y con mucho cuidado lo abrió, sacó la nota que había dentro y leyó: "Cualquier día es bueno para celebrar, brindar y dar gracias a la vida por habernos encontrado. Te quiero".

Y es que desde que lo conoció, para ella el vino, el queso y la vida, sabían aún mejor. Porque compartirlos con él es lo que les daba sabor.