El vino y el queso.
Y, contradiciendo las clásicas costumbres, en este caso fue ella la que lo llevó a cenar a él. No era ni su santo, ni su aniversario, ni su cumpleaños. Era un martes de septiembre.
Cuando llegaron al restaurante, con vistas sobre toda la ciudad, presenciaron una cálida puesta de sol. Él la miró y preguntó "¿Por qué hoy?"...
Y entonces ella colocó un sobre rojo entre el queso y vino que acababan de servir. Él cogió el sobre y con mucho cuidado lo abrió, sacó la nota que había dentro y leyó: "Cualquier día es bueno para celebrar, brindar y dar gracias a la vida por habernos encontrado. Te quiero".
Y es que desde que lo conoció, para ella el vino, el queso y la vida, sabían aún mejor. Porque compartirlos con él es lo que les daba sabor.
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