jueves, 19 de febrero de 2015

Piezas.

Y le dije lo que pensaba al respecto:

“Cuando personas importantes en tu vida te hacen daño, a propósito, te quedas totalmente impotente. Les das lo mejor que tienes, los cuidas lo mejor que sabes, y cuando menos te lo esperas se van sin ningún motivo. Se olvidan de que existes.

Y si es posible, antes de darte la patada, te tratan como a un trozo de basura, se ríen de ti, te mienten, te utilizan. Y una vez que han jugado lo suficiente con tus sentimientos, entonces te abandonan.

¿Es duro? Sí, pero hay personas así, capaces de hacer eso, y tenemos que asumirlo. Ni ha sido la primera persona, ni será la última que nos destroce el corazón.

Pero en eso consiste la vida, en levantarse cada vez que te tiran, en recomponer el corazón cada vez que lo trocean…y se quedan con un trozo. Ese es el problema, que la gente que te hace daño, se queda un dichoso trozo. Y por más que reconstruyas el corazón, cada vez que alguien te lo rompe, se lleva una pieza, es por eso que cuesta tanto volver a recomponerlo y que las piezas encajen perfectamente…

Pero no todo está perdido. Eso tiene algo positivo, y es que puedes meter piezas nuevas, mejores, y que pueden durar para siempre. Estas piezas no sustituyen las viejas, porque sustituirlas siempre será imposible. Son simplemente otras piezas, que harán que por fin todo vuelva a encajar perfectamente, mejor de lo que nunca antes habían encajado, y sin dejar huecos.


Así que en eso consiste la vida –le dije- unos van y otros vienen…pero hay unos pocos, los más importantes, que se quedan para siempre”.

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