No tenía derecho, pero lo hizo.
No tenía derecho a entrar en su vida, pero lo hizo.
No tenía derecho a romper el muro que ella tardó años en
construir, pero lo hizo.
No tenía derecho a cambiar sus planes,
a sacarla a bailar en el metro,
a descubrir cada recoveco de su cuerpo,
a conocerla incluso mejor que ella misma,
a llenarla de besos, de regalos, de promesas…
No tenía derecho a enamorarla, pero lo hizo.
No tenía derecho a nada de eso, pero lo hizo, y a ella le
encantó que lo hiciera.
El problema vino cuando siguió haciendo cosas sin
derecho…porque…
Tampoco tenía derecho a confundirla, pero lo hizo.
Tampoco tenía derecho aburrirse de ella como un niño se
aburre de un juguete, pero lo hizo.
Tampoco tenía derecho a
flirtear con otras, pero lo hizo.
Ni tenía derecho a hacerla sentir como a una más en su interminable
lista de mujeres, pero lo hizo.
Ni a darle a entender que ella nunca estaría a su altura,
Ni a dejarla,
Ni a romperle el corazón,
Ni a hacerla sentir la mujer más infeliz del mundo,
Ni a olvidarla de la noche a la mañana.
No, tampoco tenía derecho a ninguna de esas cosas, pero las
hizo, y la destrozó.
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