Tejiendo.
Ella sabía que estaba tejiendo algo.
Algo así como esas colchas americanas que empiezan con un pequeño retazo.
Cada generación de la familia irá añadiendo, cuidadosamente, otro retal. Hasta
que, con el paso de los años, el resultado sea una gigante colcha que los
bisnietos y tataranietos disfrutarán. Una colcha llena de colores, llena de momentos,
de recuerdos, de historias. Una colcha que refleja en cada retal el entusiasmo
y la ilusión por construir algo juntos.
Algo así era aquello.
Sintió que al decirle aquel inesperado “te quiero” acababa
de poner el primer retazo de una de esas enormes colchas. Pareciese que en
aquel instante, en aquel “te quiero”, algo grande, muy grande, acabase de
empezar.
Sintió que en aquel pequeño espacio de tiempo, en las
décimas de segundo que se tarda en decir un “te quiero”, estaba poniendo la
primera pieza de algo que duraría toda una vida.
Era algo así como el primer dibujo del niño que se convertirá
en un exitoso pintor.
Como poner el primer ladrillo para construir una casa, un
hogar.
Como los primeros pasos que da el que terminará
convirtiéndose en un gran atleta.
Como la pequeña semilla que, si la cuidas, dará el mejor de
los frutos, la más bonita de las flores.
Algo así era aquello.
La primera palabra de una gran historia. El primer paso de
un magnífico camino juntos.
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