La carta (3/4).
Por fin lo tenía delante, después de meses esperando una
respuesta, después de demasiadas noches sin dormir, preguntándose por qué él desapareció
así.
Ahora por fin estaba delante de él, después de hacerse 300 km con
su coche. Sea como sea, a pesar de que le temblaban las piernas, a pesar de
saber que era una locura haber ido hasta su casa, por fin podía preguntarle POR
QUÉ. POR QUÉ DESAPARECIÓ.
Y cuando consiguió separar sus labios para comenzar a
preguntar, la respuesta llegó. Llegó descalza, con una camisa de hombre que le llegaba hasta
las rodillas, despeinada, con una piel perfecta, con unos ojos que quitarían el
sentido a cualquier hombre…claro, a cualquier hombre…eso lo incluía a él. Parecía
una escena de película, una de aquellas comedias románticas. El problema fue que se
trataba de la vida real.
Y con sus andares tranquilos, ligeros, y elegantes, se situó
detrás de él rodeándolo con sus brazos y apoyando la cabeza sobre su hombro. Y sonriente, feliz, ajena a lo que allí
estaba ocurriendo, preguntó: "¿Quién es?"
Y después de aquella carta sin respuesta y después de tantas dudas sin resolver…Ahí tenía la
respuesta.
No pudo articular palabra. Se quedó unos segundos mirándolos y sus ojos empezaron a humedecerse cada vez más hasta que al parpadear, cayó una lágrima. No dijo nada, se dio la vuelta y se
fue. Desgraciadamente, no escuchó ninguna voz que tratara de detenerla.
Y mientras conducía como podía de vuelta a casa, no sabía
que había sido peor, si verla a ella, o ver aquellas relucientes alianzas que
ambos lucían en sus manos.
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