viernes, 15 de mayo de 2015

La carta (3/4).

Por fin lo tenía delante, después de meses esperando una respuesta, después de demasiadas noches sin dormir, preguntándose por qué él desapareció así.

Ahora por fin estaba delante de él, después de hacerse 300 km con su coche. Sea como sea, a pesar de que le temblaban las piernas, a pesar de saber que era una locura haber ido hasta su casa, por fin podía preguntarle POR QUÉ. POR QUÉ DESAPARECIÓ.

Y cuando consiguió separar sus labios para comenzar a preguntar, la respuesta llegó. Llegó descalza, con una camisa de hombre que le llegaba hasta las rodillas, despeinada, con una piel perfecta, con unos ojos que quitarían el sentido a cualquier hombre…claro, a cualquier hombre…eso lo incluía a él. Parecía una escena de película, una de aquellas comedias románticas. El problema fue que se trataba de la vida real.

Y con sus andares tranquilos, ligeros, y elegantes, se situó detrás de él rodeándolo con sus brazos y apoyando la cabeza sobre su hombro. Y sonriente, feliz, ajena a lo que allí estaba ocurriendo, preguntó: "¿Quién es?"

Y después de aquella carta sin respuesta y después de tantas dudas sin resolver…Ahí tenía la respuesta.

No pudo articular palabra. Se quedó unos segundos mirándolos y sus ojos empezaron a humedecerse cada vez más hasta que al parpadear, cayó una lágrima. No dijo nada, se dio la vuelta y se fue. Desgraciadamente, no escuchó ninguna voz que tratara de detenerla.

Y mientras conducía como podía de vuelta a casa, no sabía que había sido peor, si verla a ella, o ver aquellas relucientes alianzas que ambos lucían en sus manos.

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