Y le dije lo que pensaba al respecto:
“Cuando personas importantes en tu vida te hacen daño, te
quedas totalmente impotente. Les das lo mejor que tienes, los cuidas lo mejor
que sabes, y cuando menos te lo esperas te golpean, te dejan atónito.
¿Es duro? Sí, pero no olvides que al igual que los demás,
uno mismo también comete errores, se equivoca y hace daño a sus seres queridos.
¿Es complicado? Sí, el ser humano en sí es complicado, he
ahí la belleza. Pero de eso se trata, de reflexionar, recapacitar y, cuando a
uno le corresponde, pedir perdón.
Pero en eso consiste la vida, en levantarse cada vez que
te tiran, en recomponer el corazón cada vez que lo trocean…y se quedan con un
trozo. Ese es el problema, que la gente que te hace daño, se queda un dichoso
trozo. Y por más que reconstruyas el corazón, cada vez que alguien te lo rompe,
se lleva una pieza, por eso que cuesta tanto volver a recomponerlo y que las
piezas encajen perfectamente…
Pero no todo está perdido, eso tiene algo positivo, y es que puedes meter
piezas nuevas, mejores, y que pueden durar para siempre. Estas piezas no sustituyen las viejas, porque
sustituirlas siempre será imposible. Son simplemente otras piezas, que harán
que por fin todo vuelva a encajar perfectamente, sin dejar huecos.
Así que en eso consiste la vida –le dije- en aprender de
los propios errores, corregirlos y crecer. Y las personas…ya sabes: unos van y
otros vienen…pero hay unos pocos, los más importantes, que se quedan para
siempre”.
Ana Lirio.
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