Era sábado y como de costumbre, habían quedado para tomar un café. Pero esta vez el punto de encuentro no era el de siempre. Sus amigas sugirieron quedar con ella en otro sitio, dijeron que por cambiar.
Llegó (un poco tarde, para variar) y para su sorpresa, todavía no había llegado ninguna. No le importó. Aquel bar estaba a las afueras de la ciudad y tenía unas increíbles vistas sobre un valle y dos sierras. Así que decidió disfrutar de aquel silencio y de aquella anaranjada puesta de sol.
Pasado un rato echó un vistazo alrededor, y nada, ni rastro de ninguna de ellas. Pero…”Dios mío, no puede ser. ¿Qué hace él paseando por aquí? Qué vergüenza, joder” Y rápidamente cogió el móvil para llamar a sus amigas y ahora sí, preguntarles que dónde leches estaban. O por lo menos fingir que estaba hablando con alguien. Ninguna atendió sus llamadas, pero una de ellas le envió un mensaje: “disfruta :) “
Y mientras intentaba descifrar qué diablos estaba pasando, él se paró a su lado:
-Hola-dijo él.
-No me lo puedo creer, las voy a matar…-susurró ella entre dientes.
-¿Qué?
-No, nada, mis amigas… Hola, ¿cómo vas?
-Ha sido todo idea mía, ellas solo me han echado una mano. Sabía que no querrías verme…
-¿Cómo? Creo que ahora sí que me he perdido - dijo ella, con el corazón bombeando cada vez más y más rápido.
-Hace varios años te dije que no era el momento, ¿recuerdas?
- Sí…pero eso fue hace ya muchos años, ¡éramos unos chiquillos! - dijo ella intentando quitarle importancia. Pero la verdad es que lo recordaba como si fuera ayer. Aquellas palabras “ahora no es el momento” estuvieron en su cabeza muchos días y no la dejaron dormir durante muchas noches.
-Pero también te prometí que, llegado el momento, te buscaría. ¿Recuerdas eso? – dijo él, algo nervioso.
Ella no podía creer nada de lo que estaba pasando. ¿Que si lo recordaba? Pasó años agarrada a la esperanza de que él volvería. Y cuando por fin se olvidó de él, estuvo meses sintiéndose ridícula por haberlo esperado durante tanto tiempo.
Consiguió alzar la vista, mirarlo y preguntarle: ¿Qué quieres?
Él sacó la mano del bolsillo, le acarició la mejilla y dijo - A TI.
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