lunes, 12 de enero de 2015

En casa.

Estaban a miles de kilómetros de distancia: ella en un país, él en otro. Distancia que terminó por separarlos en todos los sentidos. Pero su ciudad de origen, su tierra y sus raíces siempre seguirían siendo las mismas. Por eso en vacaciones siempre volvían allí, a su "pueblo".

Y una vez más ella tenía las mismas sensaciones.
La sensación de saber que cruzando dos calles podría volver a verlo. Habían pasado tantos meses desde el último encuentro…
La emoción de saber que caminaban por el mismo suelo, los mismos parques, la misma ciudad, y que verían la misma puesta de sol. Estaban tan cerca…

Y después de aquellas sensaciones, venían los impulsos.
Sabía que en un par de días los volverían a separar esos dichosos miles de kilómetros.
Por eso sentía aquellas arrebatadoras ganas de, en mitad de la noche, llamar a su puerta.
Y que, como en los viejos tiempos, él abriera y dijera “¿por qué has tardado tanto? “

Eso sí que sería volver a casa.

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