miércoles, 23 de agosto de 2017


Fluir, descubrir.

Un día descubrió muchas cosas sobre la vida, sobre las personas, pero también sobre sí misma.

Se hizo aún más consciente del mundo. Ya no sólo de su realidad, o de su entorno más cercano, sino también de la riqueza cultural, de los idiomas, de las diferentes costumbres, de las gentes de otros países.

Un día se descubrió analizando más detenidamente cada situación, cada circunstancia, cada reto que le planteaba la vida.

Empezó a saborear el comienzo de un pensamiento más prudente.

Aprendió a escuchar lo que no se dice con palabras, a observar los matices, las sutilezas en los gestos de las personas.

A valorar la magia que nos ofrece la naturaleza, el misterio del paso del tiempo, la belleza de la madurez.


Estaba allí, mirando los últimos rayos de sol que se reflejaban en el río, reflexionando sobre lo que ya había vivido, sobre su afortunado presente y sobre su incierto y excitante futuro.

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