Fluir, descubrir.
Un día descubrió muchas cosas
sobre la vida, sobre las personas, pero también sobre sí misma.
Se hizo aún más consciente del
mundo. Ya no sólo de su realidad, o de su entorno más cercano, sino también de
la riqueza cultural, de los idiomas, de las diferentes costumbres, de las
gentes de otros países.
Un día se descubrió analizando
más detenidamente cada situación, cada circunstancia, cada reto que le
planteaba la vida.
Empezó a saborear el comienzo de
un pensamiento más prudente.
Aprendió a escuchar lo que no se
dice con palabras, a observar los matices, las sutilezas en los gestos de las personas.
A valorar la magia que nos ofrece
la naturaleza, el misterio del paso del tiempo, la belleza de la madurez.
Estaba allí, mirando los últimos
rayos de sol que se reflejaban en el río, reflexionando sobre lo que ya había
vivido, sobre su afortunado presente y sobre su incierto y excitante futuro.
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